Опубликовано: 28 agosto 2025
SIBO (Small Intestinal Bacterial Overgrowth): causas, síntomas y tratamientos que necesitas conocer

SIBO (Small Intestinal Bacterial Overgrowth): causas, síntomas y tratamientos que necesitas conocer

Si alguna vez has sentido que tu abdomen está excesivamente inflamado, que la comida se queda como “atascada” en el estómago, o que gastas más tiempo tratando de entender por qué tus digestiones no mejoran, entonces este artículo está pensado para ti. El sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado, conocido por sus siglas en inglés SIBO, es un problema que muchas personas experimentan sin recibir un diagnóstico claro durante años. En este texto hablaremos con calma, usando un lenguaje cercano y explicaciones sencillas para explicarte qué es SIBO, por qué aparece, cómo suele manifestarse, qué pruebas se usan para detectarlo y cuáles son las alternativas de tratamiento más habituales, además de consejos prácticos para la vida diaria y la prevención. No buscamos reemplazar al profesional sanitario: más bien, ofrecerte una guía informativa y útil que te permita hacer preguntas más precisas a tu médico o equipo de salud.

Antes de entrar en detalles técnicos, imagina el intestino delgado como un tramo de carretera por donde circulan nutrientes y pasajeros (tus células) hacia la absorción. Cuando hay pocas bacterias en exceso en esa carretera, el tráfico fluye. Pero si empieza a haber demasiados vehículos (bacterias) en el tramo equivocado, se producen atascos, emisiones de gases, averías en el sistema (síntomas) y, en ocasiones, se interfieren procesos básicos como la absorción de vitaminas y minerales. SIBO es, en esencia, ese atasco bacteriano en un lugar que normalmente debería estar relativamente “poblado” por un número limitado de microorganismos. A partir de aquí, vamos a desgranar las causas, los signos y las opciones que existen hoy para manejarlo.

Qué es SIBO y por qué importa

SIBO, abreviatura de Small Intestinal Bacterial Overgrowth, se describe como un incremento anormal de bacterias en el intestino delgado. Aunque nuestro cuerpo alberga billones de bacterias beneficiosas en el colon, el intestino delgado normalmente contiene una población bacteriana mucho menor y de diferente composición. Cuando esa relación se altera y ciertas bacterias aumentan en cantidad, se pueden producir síntomas digestivos y malabsorción de nutrientes. Para muchas personas, SIBO actúa como la pieza que explica problemas crónicos de hinchazón, cambios en el hábito intestinal y pérdida de peso inexplicada.

La importancia de SIBO radica en su impacto funcional y nutricional: no solo causa molestias, sino que puede llevar a déficits en vitaminas (como la B12), pérdida de hierro, y desórdenes en el metabolismo de grasas y carbohidratos. Además, en personas con condiciones previas —como enfermedades que afectan la movilidad intestinal o antecedentes de cirugía abdominal— la presencia de SIBO puede complicar el curso clínico. Entender SIBO implica comprender tanto su aspecto microbiológico como la interacción con el sistema inmune y la motilidad intestinal.

Cómo funciona el equilibrio bacteriano intestinal

El intestino humano es un ecosistema dinámico: las bacterias interactúan entre sí, con las células de la mucosa intestinal y con nuestra dieta. En condiciones normales, el intestino delgado presenta mecanismos de limpieza (como la motilidad en ola conocida como complejo motor migratorio), secreciones ácidas en el estómago y secreciones biliares que limitan el crecimiento bacteriano excesivo. Si estos mecanismos fallan, algunas bacterias pueden colonizar el intestino delgado, fermentar carbohidratos y producir gases que provocan distensión, dolor y alteraciones en el tránsito intestinal. Además, algunas bacterias pueden descomponer nutrientes antes de que sean absorvidos por la persona, provocando carencias nutricionales.

La interacción entre dieta, microbiota y el sistema nervioso entérico es compleja: lo que comemos influye en qué bacterias prosperan y, a su vez, las bacterias totan cómo nos sentimos. Por eso, el manejo de SIBO suele ser multifactorial: incluye medicina, cambios dietéticos, y abordajes que restauren la motilidad y el equilibrio microbiano.

Causas y factores de riesgo de SIBO

Las causas de SIBO son variadas y a menudo multifactoriales. Para entender por qué aparece, conviene pensar en tres grandes bloques: factores que reducen la motilidad intestinal, alteraciones estructurales del intestino y factores que modifican el ambiente luminal (como fármacos). Entre los principales factores de riesgo se encuentran las cirugías abdominales que crean estasis intestinal, enfermedades sistémicas que afectan la motilidad como la diabetes o la esclerodermia, el uso prolongado de inhibidores de la bomba de protones y otras medicaciones que alteran el pH o la flora, así como condiciones que ocasionan estasis, como las obstrucciones parciales o la diverticulosis del intestino delgado.

Además, existen asociaciones con trastornos funcionales como el síndrome del intestino irritable (SII). En personas con SII, la prevalencia de SIBO es mayor que en la población general, lo que sugiere que en muchos casos ambos problemas pueden coexistir o confundirse. Otros factores que favorecen SIBO incluyen deficiencias del sistema inmunitario, alteraciones en la producción de ácido gástrico y uso prolongado de opioides. También hay condiciones anatómicas, como fístulas o anastomosis quirúrgicas, que crean “espacios” donde las bacterias pueden proliferar.

Factores comunes que predisponen a SIBO

  • Disminución de la motilidad intestinal (por ejemplo, neuropatías, esclerodermia).
  • Cirugías abdominales previas o alteraciones estructurales (anastomosis, divertículos del intestino delgado).
  • Uso prolongado de inhibidores de la bomba de protones (reducción del ácido gástrico).
  • Uso de opioides y fármacos que retrasan el tránsito intestinal.
  • Enfermedades que afectan el páncreas o la bilis, alterando la digestión.
  • Déficits del sistema inmunitario o condiciones crónicas inflamatorias.

Comprender estos factores ayuda a identificar a las personas con mayor probabilidad de desarrollar SIBO y a dirigir las pruebas diagnósticas de forma más eficiente.

Síntomas: cómo suele manifestarse SIBO

    SIBO (Small Intestinal Bacterial Overgrowth): Causes, Symptoms, and Treatments. Síntomas: cómo suele manifestarse SIBO

SIBO puede presentar un espectro amplio de síntomas, muchos de los cuales son comunes a otras afecciones digestivas, lo que dificulta su detección sin pruebas específicas. Los síntomas más habituales son la hinchazón abdominal (bloating), la flatulencia excesiva, dolores o molestias abdominales difusas, y cambios en el hábito intestinal que pueden oscilar entre diarrea y estreñimiento. En algunos casos predomina el carácter diarréico, en otros el estreñimiento, e incluso puede alternarse. Otra señal importante es la sensación de distensión que empeora tras las comidas y que puede durar horas o días.

Además de los problemas digestivos, SIBO puede llevar a pérdida de peso, debilidad o signos de malabsorción como anemia por déficit de vitamina B12 o pérdida de masa grasa y muscular. Algunas personas experimentan fatiga crónica, en parte por la mala absorción y en parte por la inflamación crónica de bajo grado. Dado que muchos síntomas son inespecíficos, es frecuente que el diagnóstico se demore y que los pacientes sean tratados inicialmente por otros trastornos como el síndrome del intestino irritable o intolerancias alimentarias.

Lista de síntomas frecuentes

  • Hinchazón abdominal persistente o después de comer.
  • Exceso de gases y eructos.
  • Diarrea crónica o intermitente.
  • Estreñimiento o alternancia diarrea-estreñimiento.
  • Dolor o molestias abdominales difusas.
  • Pérdida de peso involuntaria y signos de malabsorción (p. ej. anemia).
  • Fatiga crónica y sensación de “no recuperar energía”.

Si reconoces varios de estos síntomas y sobre todo si persisten o afectan tu calidad de vida, es aconsejable consultar con un profesional de la salud para valorar pruebas diagnósticas específicas.

Diagnóstico: tests y evaluación clínica

Detectar SIBO puede ser un reto. El enfoque diagnóstico suele combinar la evaluación clínica, la sospecha basada en factores de riesgo y pruebas específicas. Entre las pruebas más utilizadas hoy están los test de aliento (breath tests) para hidrógeno y metano, y la aspiración y cultivo del contenido del yeyuno, aunque esta última es invasiva y no siempre práctica. Los test de aliento miden la producción de gases tras la ingesta de un sustrato (habitualmente lactulosa o glucosa) y son útiles para identificar la fermentación bacteriana anómala en el intestino delgado. Un aumento prematuro de hidrógeno o un nivel elevado de metano pueden indicar sobrecrecimiento bacteriano.

La aspiración y cultivo del intestino delgado, realizada por endoscopia, es considerada la referencia en algunos centros, pero tiene limitaciones técnicas y de accesibilidad. Además de las pruebas específicas, el médico suele solicitar analíticas básicas para valorar déficits nutricionales (hierro, vitamina B12, folatos, vitaminas liposolubles) y pruebas para descartar otras causas. Es fundamental interpretar los resultados en el contexto clínico: los falsos positivos y negativos existen y la decisión terapéutica debe ser individualizada.

Comparación de pruebas diagnósticas

Prueba Qué mide Ventajas Limitaciones
Test de aliento (lactulosa o glucosa) Producción de hidrógeno y metano tras sustrato No invasivo, relativamente accesible, útil en práctica clínica Falsos positivos/negativos, interpretación dependiente del protocolo
Aspirado yeyunal y cultivo Conteo y cultivo bacteriano directo Más específico en teoría, identifica bacterias concretas Invasivo, costoso, posible contaminación, no siempre disponible
Analíticas y marcadores nutricionales Hierro, B12, folatos, vitaminas liposolubles Valora impacto nutricional No diagnostica SIBO por sí mismo

La elección de prueba dependerá del contexto clínico, la experiencia del equipo tratante y la disponibilidad. En general, muchos médicos comienzan con un test de aliento y reservan la aspiración para casos complejos o investigación.

Tratamientos: principios generales y opciones terapéuticas

    SIBO (Small Intestinal Bacterial Overgrowth): Causes, Symptoms, and Treatments. Tratamientos: principios generales y opciones terapéuticas

El objetivo del tratamiento de SIBO es reducir el sobrecrecimiento bacteriano, aliviar los síntomas, corregir déficits nutricionales y, siempre que sea posible, tratar la causa subyacente para disminuir el riesgo de recaídas. El enfoque es multifactorial e incluye: 1) terapias antimicrobianas para disminuir la población bacteriana; 2) medidas dietéticas que reduzcan la fermentación; 3) agentes que mejoren la motilidad intestinal (procinéticos); 4) corrección de carencias nutricionales y 5) cuando procede, intervenciones para corregir problemas estructurales.

Es habitual combinar varias estrategias: por ejemplo, administrar un ciclo de tratamiento antimicrobiano seguido de medidas dietéticas y la evaluación de proquinéticos para mantener el tránsito. El tratamiento debe estar guiado por un profesional de la salud, que decidirá la opción más acorde según el patrón de gases predominante (hidrógeno vs metano), las condiciones asociadas y la historia clínica de cada persona.

Antimicrobianos: opciones médicas

En la práctica clínica se utilizan antibióticos que actúan preferentemente en el intestino y con poca absorción sistémica, con la intención de minimizar efectos adversos generales y dirigir la acción al intestino. Entre los agentes más citados en la literatura están rifaximina y combinaciones de antibióticos específicas para casos en que predomina la producción de metano. Los antibióticos pueden mejorar de forma significativa síntomas como distensión y diarrea en muchas personas. No obstante, no son una solución única: la tasa de recaída es alta si no se corrige la causa subyacente o no se adoptan medidas de mantenimiento.

Es importante enfatizar que la decisión sobre qué antibiótico, duración y pauta específica debe ser tomada por un médico. Además, algunas personas pueden requerir ciclos repetidos o combinaciones con enfoques no farmacológicos para lograr una estabilidad a largo plazo.

Enfoques dietéticos

La dieta es un pilar complementario en el manejo de SIBO. Existen protocolos dietéticos que intentan reducir la cantidad de sustratos fermentables que alimentan a las bacterias en exceso. Entre los más conocidos están las dietas bajas en FODMAP, la dieta específica para SIBO y, en casos más extremos, la dieta elemental. La dieta baja en FODMAP limita ciertos carbohidratos fermentables que fomentan la producción de gas, lo que puede reducir la distensión y el malestar. La dieta específica para SIBO es una adaptación que prioriza alimentos menos fermentables y cambios en la textura y la combinación de alimentos para minimizar síntomas.

La dieta elemental, que consiste en fórmulas nutricionales pre-digeridas, puede utilizarse en casos seleccionados para “reposar” el intestino y reducir la flora bacteriana, pero es restrictiva y debe realizarse bajo supervisión médica. Las dietas pueden ayudar mucho en el control sintomático, pero suelen requerir adaptación personalizada para que sean sostenibles en el tiempo y para evitar déficits nutricionales.

Procinéticos y otras medidas

Los procinéticos son fármacos que mejoran la motilidad intestinal, favoreciendo el barrido de bacterias hacia el colon y reduciendo el estasis que facilita su proliferación. En algunos pacientes, especialmente aquellos con trastornos de la motilidad, integrar procinéticos en la estrategia terapéutica puede reducir recidivas. Además, corregir factores predisponentes (por ejemplo, revisar la necesidad de inhibidores de la bomba de protones o ajustar medicación que retarde el tránsito) es esencial para un manejo eficaz a largo plazo.

Otras medidas incluyen el uso, en determinados casos, de probióticos o antimicrobianos herbales. La evidencia sobre probióticos es heterogénea: algunos estudios muestran beneficio en determinados cepas, mientras que otros no observan mejoras relevantes. Los tratamientos herbales antimicrobianos tienen respaldo en investigaciones emergentes, pero su uso debe ser evaluado con cautela y supervisión clínica.

Tabla comparativa de tratamientos y consideraciones

Tratamiento Mecanismo Ventajas Limitaciones/Consideraciones
Antibióticos (p. ej. rifaximina) Reducción directa del sobrecrecimiento bacteriano Mejora rápida de síntomas en muchos pacientes Recaídas frecuentes; requiere evaluación médica; riesgo de alteración de la microbiota
Dieta baja en FODMAP / dieta específica para SIBO Reduce sustratos fermentables Reducción de gases y distensión; enfoque no farmacológico Puede ser restrictiva; necesidad de supervisión para evitar déficits
Dieta elemental Provee nutrientes pre-digeridos y reduce fermentación Útil en casos refractarios; puede “resetear” flora Muy restrictiva, difícil de mantener, requiere supervisión clínica
Procinéticos Mejoran la motilidad y barrido intestinal Reduce recidivas cuando la motilidad es la causa subyacente No siempre están indicados; efectos secundarios según fármaco
Probióticos y antimicrobianos herbales Modulación de la microbiota / efecto antimicrobiano Complemento no invasivo; algunos pacientes mejoran Evidencia variable; elección de cepas y productos crucial

Esta tabla pretende dar una visión general; la elección concreta debe individualizarse. El equipo de salud valorará los riesgos y beneficios según cada caso.

Recurrencia y manejo a largo plazo

    SIBO (Small Intestinal Bacterial Overgrowth): Causes, Symptoms, and Treatments. Recurrencia y manejo a largo plazo

Una de las grandes dificultades en SIBO es la alta tasa de recurrencia. Muchas personas responden inicialmente a tratamiento, pero experimentan reaparición de síntomas semanas o meses después. Esto subraya la importancia de identificar y tratar factores subyacentes —por ejemplo, corregir alteraciones estructurales o mejorar la motilidad— y de implementar estrategias de mantenimiento. Entre las recomendaciones para reducir la recurrencia están el uso intermitente de procinéticos en personas con motilidad alterada, el ajuste de fármacos que favorezcan el estasis y, en ocasiones, ciclos de antibióticos espaciados cuando los síntomas reaparecen.

Asimismo, los cambios en el estilo de vida —mejorar la composición de la dieta, realizar ejercicio moderado con regularidad para favorecer la motilidad intestinal, manejar el estrés y dormir adecuadamente— pueden ser piezas clave para la estabilidad a largo plazo. El enfoque multidisciplinar, que incluye médico, nutricionista y, cuando procede, gastroenterólogo experto en microbiota, suele ofrecer mejores resultados en la práctica clínica.

Consejos prácticos para el día a día

  • Evitar comidas muy abundantes que empeoren la distensión; preferir raciones más pequeñas y frecuentes si ayuda a los síntomas.
  • Evitar o limitar alimentos muy ricos en FODMAP si notas que empeoran tus síntomas, siempre bajo supervisión.
  • Mantener actividad física regular para favorecer el tránsito intestinal.
  • Revisar con tu médico la necesidad real de inhibidores de ácido o medicamentos que ralentizan el intestino.
  • Consultar con un profesional de nutrición para asegurarse de mantener una dieta equilibrada y evitar déficits nutricionales.

Estos hábitos no sustituyen el tratamiento médico pero sí pueden ayudar a reducir la frecuencia e intensidad de los episodios.

Vivir con SIBO: impacto emocional y social

Más allá de los síntomas físicos, SIBO puede afectar significativamente la calidad de vida. La hinchazón persistente, el miedo a comer fuera de casa por la posibilidad de molestias, y la fatiga crónica pueden generar aislamiento, ansiedad y frustración. Reconocer ese impacto es importante: muchas personas se benefician de hablar abiertamente sobre su experiencia, buscar grupos de apoyo o asesoramiento psicológico, y comunicarse con su entorno para reducir la carga emocional. La educación sobre la condición y la participación en decisiones de tratamiento empodera y mejora la adherencia a las medidas recomendadas.

Además, la coordinación entre médicos y nutricionistas, y en ocasiones la incorporación de fisioterapia abdominal o técnicas de respiración y gestión del estrés, puede aliviar no solo los síntomas digestivos sino también el componente psicosocial de la enfermedad. A fin de cuentas, tratar SIBO es tratar a la persona en su conjunto.

Recursos útiles y cómo preparar una consulta médica

  • Apunta tus síntomas diarios: cuándo ocurren, relación con la comida, patrón de evacuación.
  • Registra fármacos actuales y antecedentes quirúrgicos o enfermedades crónicas.
  • Elabora una lista de preguntas para tu médico (pruebas, opciones de tratamiento, nutrición, seguimiento).
  • Consulta a un dietista-nutricionista con experiencia en SIBO para elaborar un plan alimentario sostenible.
  • Busca fuentes fiables y evita soluciones milagro; discute suplementos o remedios herbales con tu equipo sanitario.

Prepararte para la consulta mejora la comunicación y permite una atención más efectiva y personalizada.

Preguntas frecuentes sobre SIBO

¿SIBO es contagioso? No. SIBO refleja un desequilibrio en la propia microbiota intestinal y no se transmite como una infección contagiosa habitual. ¿Existe una única prueba infalible? No, cada prueba tiene limitaciones y a menudo se combina la evaluación clínica con test de aliento u otras pruebas. ¿Se cura definitivamente? En muchos casos se controla con tratamiento y medidas preventivas, pero en otros puede requerir manejo a largo plazo y repetidos ciclos terapéuticos; la clave es identificar y tratar causas subyacentes cuando es posible.

Responder a estas preguntas comunes ayuda a desmitificar la condición y a orientar expectativas realistas sobre su manejo.

Resumen práctico: pasos a seguir si sospechas SIBO

Si sospechas que puedes tener SIBO, un resumen práctico de pasos sería: 1) anotar tus síntomas y factores de riesgo; 2) acudir a tu médico para una evaluación inicial; 3) realizar pruebas como test de aliento si el clínico lo considera indicado; 4) discutir opciones terapéuticas personalizadas que pueden incluir antibióticos, cambios dietéticos y medidas para mejorar la motilidad; 5) planificar seguimiento y estrategias para prevenir recaídas. Mantener un enfoque colaborativo con tu equipo de salud y ajustar las medidas según la respuesta es crucial para el éxito a largo plazo.

Este camino puede parecer complejo, pero avanzar paso a paso y con orientación profesional suele ofrecer mejoras importantes en la mayoría de los casos.

Conclusión

SIBO es un trastorno frecuente y muchas veces subdiagnosticado que puede afectar seriamente la calidad de vida por sus síntomas y las posibles repercusiones nutricionales; sin embargo, con una evaluación adecuada, pruebas pertinentes y un enfoque terapéutico integral que combine tratamientos médicos, cambios dietéticos y medidas para mejorar la motilidad, muchas personas logran una mejoría notable. Es esencial trabajar con profesionales de la salud para individualizar el tratamiento, corregir factores predisponentes y diseñar estrategias de mantenimiento para disminuir recaídas; además, abordar el impacto emocional y social del problema es parte importante del cuidado, y la educación del paciente facilita decisiones informadas y una mejor adherencia a las medidas recomendadas. Si sospechas que puedes tener SIBO, anota tus síntomas y antecedentes, busca evaluación médica y considera el apoyo de un nutricionista para un plan sostenible, porque el manejo efectivo suele ser multidisciplinario y personalizado.

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